'O SOLE MIO
(canta Enrico Caruso)
(real-audio Kb. 375)
Che bella cosa
na jurnata 'e sole,
n'aria serena doppo na tempesta!
Pe'll'aria fresca pare gia' na festa...
Che bella cosa na jurnata 'e sole.
Ma n'atu sole
cchiu' bello, oi ne'.
'o sole mio
sta 'nfronte a te!
'o sole, o sole mio
sta 'nfronte a te!
sta 'nfronte a te!
Quanno fa notte e 'o sole se ne scenne,
me vene quase 'na malincunia;
sotto 'a fenesta toia restarria
quanno fa notte e 'o sole se ne scenne.
Ma n'atu sole
cchiu' bello, oi ne'.
'o sole mio
sta 'nfronte a te!
'o sole, o sole mio
sta 'nfronte a te!
sta 'nfronte a te!
Biografia
Miembro de una
numerosa prole de 21 hermanos, de entre los cuales sólo
sobrevivieron tres, Enrico Caruso nació en la ciudad de Nápoles,
el 25 de febrero de 1873.
Quien habría de convertirse en el
cantante de ópera mejor pagado, vivió una infancia llena de
miserias. Estudió apenas unos pocos años, pues su padre, un
humilde mecánico, deseaba que siguiera sus pasos en el oficio y
a fuerza de golpes lo puso a trabajar.
Enrico quería ser cantante y su madre, más comprensiva y
sensible, no podía hacer más que animarlo para que luchara por
conseguir lo que deseaba.
Tuvo como primer maestro a Giuseppe Vergine, quien no obstante
haberle visto pocas posibilidades al muchacho, accedió a que
siguiera bajo su dirección.
Aquellos años, fueron difíciles para el joven Caruso que pese a
la pobreza en que vivía, se esforzaba por llevar una apariencia
impecable. Algunas anécdotas sobre su vida, cuentan que llegó a
teñir su único traje negro cuando perdió su color, que hacía
pecheras de papel para cubrir el mal estado de sus camisas, y que
cantaba en bodas y funerales para reemplazar sus zapatos cuando
se deterioraban.
A lo largo de su vida, mantuvo su pulcritud y elegancia, y no
desaprovechaba las horas de baño y las visitas al barbero para
estudiar o ensayar el papel que representaría.
Una vez terminados sus estudios, Enrico Caruso consiguió que su
maestro le consiguiera un papel de tenor sustituto en una pequeña
compañía ambulante de ópera... Pero su primera intervención
fue un desastre. Un día que la compañía visitó una ciudad
donde Caruso tenía conocidos, el cantante, seguro de que sus
servicios no serían requeridos, salió a tomar unas copas con
sus amigos. Para su sorpresa, después de un rato llegó el
recadero a avisarle que su presencia era necesaria en el teatro.
Y salió a escena, pero traía demasiadas copas encima. Aunque
cantó bien, su estado lo hizo tropezar con otros actores y dar
traspiés mientras el público reía a carcajadas y le gritaba
"borracho".
El resultado de su primera actuación fue el despido, pero al público
le había caído tan en gracia que cuando se hallaba ya en su
pequeño cuarto desolado por su fracaso, volvieron a buscarlo
porque el público lo aclamaba. Tenía entonces 19 años.
A partir de entonces, los siguientes diez años fueron de avances
continuos, al extremo de convertirse en uno de los tenores más
famosos del mundo. Para 1903, hizo su primera presentación en
Estados Unidos, en el Metropolitan Opera House de Nueva York.
Admirado por su voz, Enrico Caruso era además un extraordinario
ser humano. Se cuenta de él que prefería ir a pequeñas fondas
para evitar los grandes restaurantes donde al verlo llegar los
presentes estallaban en aplausos.
Otra anécdota, asegura que cierta noche, en Bruselas, escuchó
desde su camerino el descontento de varias decenas de personas
que no habían alcanzado boleto. Luego de un instante de meditación,
empezó a cantar las principales piezas de la ópera para su público
que desde la calle le aplaudía.
Caruso llegó a cobrar hasta quince mil dólares en su tiempo por
una presentación, y se cree que a lo largo de su carrera ganó
casi diez millones de dólares. Pero nunca dudó en ayudar a sus
semejantes y contribuía al sostenimiento de más de doscientas
personas.
En 1920 cantó por última vez en el Metropolitan Opera House de
Nueva York y murió en el verano de 1921.